sábado, 5 de octubre de 2013

La Revolución de Octubre de 1934

Antonio Ortiz Mateos, historiador
 
Puerta del Sol de Madrid durante la huelga del 34
 
Ante la progresiva disgregación de la coalición gubernamental, en septiembre de 1933, Azaña planteó a Alcalá Zamora la cuestión de confianza, momento que aprovechó el Presidente de la República para abrir la crisis. El 12 de septiembre Lerroux formaba su primer gobierno, manifestándose por la tarde las Juventudes Socialistas y Comunistas en la Puerta del Sol dando “mueras” al Gobierno, pese a las violentas cargas de las fuerzas de Seguridad. El 2 de octubre se presentaba el Gobierno a las Cortes, siendo derrotado al día siguiente por 187 votos contra 91. Alcalá Zamora encargó entonces la formación de nuevo gobierno a Sánchez Román, primero, y después a Pedregal, quienes fracasaron en su intento. El día 8 encargó formar gobierno a Martínez Barrio, decretando a continuación la disolución de las Cortes.
 
En las elecciones, las primeras en las que iban a votar las mujeres, las derechas formaron un frente único electoral, cuyo programa era: “Revisión de la legislación laica y socializante”, “defensa de los intereses económicos del país” y amnistía.[1] Las izquierdas, por su parte, se presentaron divididas, excepto en Bilbao y Málaga, caracterizándose su campaña por la radicalización de los socialistas, desengañados de la etapa de colaboración. Como señalaba Largo Caballero en una entrevista concedida al periódico El Liberal:

“Precisamente hace unas horas repasaba yo por curiosidad los compromisos que los partidos republicanos tenían contraídos con nosotros, y comprobaba con amargura que el 80 por 100 de estas promesas formales habían quedado en eso; en promesas. Reforma agraria, enseñanza laica, ley de Arrendamientos, legislación social en todos los órdenes, ¿qué son en realidad estas cosas sino bellas entelequias sin virtualidad ni eficacia alguna? La reforma agraria no existe; la enseñanza laica es un mito; la ley de Arrendamientos allí quedó, sobre la mesa de las Cortes, en espera de días más propicios. Y con respecto a la legislación social, si bien es cierto que se llevó mucha a la Gaceta, ahí la tiene usted muriéndose de risa, en espera también de quien quiera y pueda hacerla cumplir. ¿Cómo quiere usted, ante este panorama, que los socialistas nos sintamos satisfechos por la labor realizada en los dos años y medio de República?”.[2]

El 19 de noviembre fue a las urnas el 67,56% del censo electoral, viéndose en esta ocasión favorecidas las derechas por la ley electoral, que concedía prima a la mayoría.[3] Las derechas obtuvieron 217 diputados, los partidos de centro, 156, y los de izquierda, 99. Las elecciones hacían de la CEDA, con 115 diputados, el primer grupo parlamentario y de los radicales y grupos del centro el eje de la situación política. A nadie cabía ya la menor duda de que el momento había llegado para que Lerroux gobernase, apoyándose en la derecha o en parte de ella.
 
Antes de que ello ocurriera, el 8 de diciembre, la CNT llevaba a cabo un nuevo intento insurreccional, el cual debía tener lugar en Aragón apoyado por la huelga general revolucionaria en el resto del país. El gobierno reprimió con gran dureza el movimiento: se practicaron detenciones, se declaró la ilegalidad de la CNT, se clausuraron sus locales y fue suspendida su prensa.[4] 
 
Cacheo de los guardias de seguridad a los transeúntes
 
El 18 de diciembre se constituía el Gobierno Lerroux, formado por ocho radicales, un progresista, dos independientes, un liberal demócrata y un agrario. Apoyado en una sólida mayoría parlamentaria, el Gobierno emprendió la obra de rectificar lo legislado entre 1931 y 1933.
 
Nada más constituirse se empezó a discutir en el Congreso amnistiar a los sublevados en agosto de 1932, invitando a Guadalhorce y a Calvo Sotelo, que se encontraba exiliado en París, a ocupar sus escaños parlamentarios. Tales hechos, unidos a la situación internacional y la creciente violencia protagonizada por la Falange, “inquietaron cada día más a la clase obrera y las izquierdas sobre el peligro de un fascismo que acabase con la República”.[5]
 
En el campo, la restauración social no se hizo esperar: un decreto del 11 de febrero de 1934 ordenaba la expulsión de los campesinos de las fincas dedicadas a cultivo intensivo, procediéndose al desahucio de 28.000 braceros. Una circular cinco días más tarde suspendía la revisión de las rentas de fincas rústicas. Los propietarios, por su parte, se aprestaron a bajar los salarios.
 
El 31 de marzo de 1934 varios representantes de la extrema derecha española –Goicoechea por Renovación Española y Olazábal por el tradicionalismo- se reunieron en Roma con Mussolini e Italo Balbo, firmando un documento según el cual el gobierno fascista de Italia prometía ayudarles a derribar la República española con armas, dinero y preparación militar.[6] El 27 de abril, Gil Robles concentraba en el Escorial a más de 25.000 personas, recordando con sus gritos -¡Jefe! ¡Jefe! ¡Jefe!- la Marcha de Mussolini hacia Roma. Las organizaciones obreras madrileñas respondieron a esta provocación con la huelga general.
 
A finales de abril, el Congreso aprobaba la ley de Amnistía. Alcalá Zamora se resistió a firmarla, accediendo a ello tras introducir diversas modificaciones, entre las que se encontraba que los generales amnistiados no pudieran ser designados para puestos de mando, lo que significaba desautorizar al Gobierno. Lerroux no tuvo más remedio que dimitir, siendo sustituido por Ricardo Samper.
 
Según avanzaba 1934, la tensión y el recurso a la violencia aumentaban de día en día. Alguno de los hechos más significativos fueron: el recurso del Gobierno ante el Constitucional de la ley de Contratos de Cultivo aprobada por el Parlamento Catalán y la paralización del proyecto de Estatuto vasco; la entrada de Calvo Sotelo en las Cortes; la bajada de los salarios por los terratenientes a niveles inferiores a los de 1931; el entrenamiento militar de las milicias tradicionalistas en Navarra; los atentados de las milicias falangistas, que se concentraban en Carabanchel, contra la Casa del Pueblo de Cuatro Caminos, contra el Fomento de las Artes y contra una exposición en el Ateneo de Madrid; el ataque a varios grupos de jóvenes en El Pardo y posterior ametrallamiento de varios jóvenes socialistas que volvían del campo, muriendo Juanita Rico; la muerte del comunista Izquierdo en una refriega, etc. Tal clima, alimentado por la prensa de derecha, cada vez más enardecida, unido al hecho de que el Gobierno actuaba al dictado de la CEDA, cuya lealtad hacia la República era más que dudosa, “acrecentaba la inquietud de las izquierdas y la tendencia a responder a la violencia con la violencia y a desatar una revolución si la derecha cedista accedía al poder”.[7]
 
 
La Glorieta de Cuatro Caminos durante la huelga general
 
En aquel ambiente, según señalaría años más tarde Largo Caballero en sus Recuerdos, se presentó un día Fernando de los Ríos en la Ejecutiva del PSOE con una nota de una alta personalidad del Ejército, en la que se informaba de las reuniones celebradas en el domicilio de Calvo Sotelo y en la redacción del diario derechista El Debate, en la que se hablaba de detener a Azaña, Prieto, De los Ríos, Largo Caballero y otros. Tras cambiar impresiones, la Ejecutiva acordó preparase para la defensa, convocando a la Ejecutiva de la UGT para celebrar una reunión conjunta y examinar la situación. “Besteiro, Saborit y Trifón Gómez en nombre de la Unión General, manifestaron que lo más prudente era dejar correr los acontecimientos y trabajar como se pudiese para conservar la organización, esperando tiempos mejores”.[8]
 
Tras varias reuniones en las que no se llegó a ningún acuerdo, Largo Caballero propuso que el PSOE actuase por su cuenta, y que si la UGT quería adherirse que lo hiciera cuando le pereciese. Para el caso de que surgiese la necesidad de llevar a cabo la acción, la Ejecutiva socialista nombró una Comisión especial organizadora de la misma, encabezada por Largo Caballero, con representantes del PSOE, de la UGT, si finalmente se adhería, y de las Juventudes Socialistas. Como Secretario encargado de la correspondencia y documentación se designó a Enrique de Francisco, quien venía desempeñando estas funciones en el partido.
 
Días más tarde, Besteiro manifestó su disposición a reunirse de nuevo, siempre que se elaborase un programa como bandera del movimiento, a desarrollar si éste triunfaba, acordándose que Prieto y Besteiro se reunieran y redactaran un escrito que pudiese ser aceptado por todos. No fue posible el acuerdo, aprobando la Ejecutiva del PSOE la propuesta de Prieto, en la que se proponía, entre otras cuestiones, la libertad religiosa, la socialización de la tierra y la disolución de la Guardia Civil, así como otras medidas que completaban los principios constitucionales. El programa se remitió al Comité Nacional de la UGT, aprobándolo tras una fuerte discusión que tuvo como consecuencia las dimisiones de Besteiro, Trifón Gómez y Saborit, asumiendo Largo Caballero la secretaría general de la UGT.
 
Al llegar el mes de junio la Federación de Trabajadores de la Tierra declaró, bajo la presión de sus bases, una huelga general de campesinos. Largo Caballero y la Comisión Ejecutiva de la UGT, que barajaban la idea de un posible movimiento revolucionario para más adelante, se manifestaron en contra, al estimar que con la huelga se desgastaba el potencial de las organizaciones campesinas para una acción posterior coordinada con los trabajadores de las ciudades. La respuesta del Gobierno fue considerar “servicio público la recolección de la cosecha”, suspendiendo los derechos de reunión y amenazando a los dirigentes de cada pueblo que se negasen a retirar los oficios de paro. A pesar de ello, la huelga fue total en Jaén, Granada, Cáceres, Badajoz y Ciudad Real, y parcial en las de Córdoba y Toledo. La huelga duró dos semanas, acreditándose Salazar Alonso “como el más duro de los ministros de Gobernación”: la fuerza pública practicó unas 7.000 detenciones, de las que 2.000 se transformaron en procesos.[9]
 
Guardias civiles disparando desde los tejados de las casas
Aún duraba la huelga del campo, cuando el Tribunal de Garantías Constitucionales, con mayoría de derecha y extrema derecha, declaró inconstitucional la ley catalana de Contratos de Cultivo. No admitieron la decisión los catalanes, que se retiraron de las Cortes –secundados por los vascos- y votaron de nuevo el texto en su Parlamento, sin modificación. El Gobierno, tras una sesión de Cortes agitadísima, consiguió que se suspendieran las sesiones de Cortes durante todo el verano, tiempo que aprovecharía para llegar a un acuerdo con el Gobierno de Cataluña: votar el contenido de la Ley en forma de decreto de aplicación, del que desaparecían los preceptos tachados de inconstitucionales.
 
Mientras tanto, en el País Vasco se había levantado una fuerte corriente de opinión contra un decreto del ministro de Hacienda, Marraco, considerado atentatorio para los “conciertos económicos” de las diputaciones con el Estado. La cuestión se envenenaba porque la mayoría parlamentaria de centro-derecha seguía bloqueando el Estatuto vasco desde diciembre de 1933.
 
El 31 de agosto, un grupo falangista hizo uso de las armas en Cuatro Caminos y causó la muerte de Joaquín de Grado, del Comité Central de las Juventudes Comunistas. Al día siguiente, en un clima de gran indignación, más de setenta mil obreros desfilaron tras el féretro, detrás de los dirigentes comunistas y socialistas. Las milicias de ambas juventudes desfilaron en línea de tres, vistiendo camisas rojas y azules, respectivamente. Al paso del cortejo, el capitán González Gil lanzó rosas rojas sobre el féretro desde un avión.[10]
 
El 9 de septiembre, Gil Robles reunía a sus seguidores en Covadonga, un lugar de regusto tradicional, exclamando: “¡Hasta aquí hemos llegado y ya no vamos a aguantar más!”. Las organizaciones obreras respondieron con la huelga general en Madrid y Asturias, clausurando Gómez Salazar la Casa del Pueblo. Al día siguiente, El Socialista señalaba: “La clase obrera madrileña demostró ayer, nuevamente, que no se la vence con facilidad”.[11]
 
Por su parte, el Comité revolucionario continuaba trabajando en la sombra. El día 11, se descubrió en San Sebastián de Pravia (Asturias) un alijo de armas en el vapor Turquesa, propiedad de Horacio Echevarrieta. También se encontraron armas, relacionadas con el movimiento que se preparaba, según reconocería Largo Caballero, en una casa de Cuatro Caminos, en la Ciudad Jardín, en la Ciudad Universitaria y en la Ciudad Lineal.[12]
 
A finales de septiembre, la crisis del Gobierno Samper se consideraba inminente. El 1º de octubre, al abrirse las Cortes, Gil Robles acusó de debilidad al Gobierno, retirándole su apoyo: “Se ha demostrado que es preciso una rectificación –dijo, dirigiéndose a Samper- y que su señoría no es el indicado para hacerlo”. Diez minutos más tarde el Gobierno declaraba oficialmente la crisis. Se abrieron consultas en Palacio: Azaña, Maura y Martínez Barrio aconsejaron la disolución de las Cortes; Gil Robles y Lerroux, por su parte, se mostraron favorables a la formación de un gobierno  con los radicales como eje y la participación de agrarios, Lliga y CEDA. Alcalá Zamora encargó a Lerroux que formase gobierno. El 3 por la noche se ordenaba el acuartelamiento de las tropas. A media tarde del 4 quedaba constituido el nuevo gobierno, cuya principal novedad era la participación en el mismo de la CEDA. La suerte estaba echada.[13]
 
Patrulla de la Guardia Civil de Caballería en la barriada de Tetuán
 
Nada más conocer los nombramientos, se reunieron las ejecutivas del PSOE y de la UGT, acordando declarar la huelga general en toda España. Prieto y Largo Caballero se quedaron en la redacción de El Socialista, a donde acudían compañeros de provincias y de Madrid solicitando informes o misiones que cumplir. Se imprimieron hojas y manifiestos llamando a la huelga y se dieron instrucciones a las Sociedades de la Casa del Pueblo. Los diputados salieron a provincias para ponerse al frente del movimiento.
 
Al amanecer del día 5 el paro era total en Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Bilbao y todo el País Vasco, Sevilla, Córdoba, Salamanca, Palencia... En Andalucía paraban los obreros de las ciudades, en general, pero los del campo, muy quebrantados por la represión que siguió a la huelga de junio, no parecían secundar el movimiento. Toda Asturias estaba paralizada, asaltando los mineros los cuartelillos de la Guardia Civil, que iban cayendo uno tras otro en su poder. Al mismo tiempo se constituía el primer Comité Revolucionario, presidido por González Peña y de mayoría socialista, pero con representantes de la CNT y del PCE, miembros de la Alianza Obrera de Asturias. En Cataluña, tras la huelga general iniciada por la Alianza Obrera -desautorizada por la CNT a través de la radio- Companys proclama “el Estado catalán de la República Federal Española”, aunque sin dar armas al pueblo, y contando sólo con las fuerzas del Orden Público de la Generalitat. En la madrugada del 5, las milicias de jóvenes socialistas, mandadas por el capitán Condés y el teniente Moreno, intentaron apoderarse en Madrid de los edificios oficiales o estratégicos, fracasando tras algunos tiroteos.[14] Amaneció el día 5 en un Madrid sin comercios, sin pan, sin prensa –salvo ABC y El Debate-, sin metro ni tranvías, en el que se propalaban toda clase de rumores sobre los encuentros armados de la madrugada.
 
En su edición del día 5, ABC daba cuenta de las detenciones practicadas así como de los disparos habidos contra un sereno en la Colonia Residencia, sita en los terrenos del antiguo Hipódromo, a raíz de los cuales fue detenido Matías Fernando Moreno, quien prestaba sus servicios como carpintero en el Asilo de la Paloma, en la Dehesa de la Villa, ocupándosele una pistola ametralladora. También resultó detenido Antonio Sáez Pulido, un sastre de la calle Tenerife, en Bellas Vistas; tras ser asistido en la Casa de Socorro, fue puesto a disposición judicial. En la madrugada, el personal del Metro decidió abandonar el servicio, siendo enviadas fuerzas de la Guardia Civil para custodiar las estaciones y los túneles.[15]
 
Al día siguiente, el mismo diario ABC recogía el tiroteo sufrido por el puesto de la Guardia Civil de Peñagrande aquella madrugada. Los guardias, convenientemente parapetados, consiguieron repeler la agresión, realizando a continuación una descubierta por los alrededores, sin lograr detener a nadie.[16]
 
La Guardia Civil, desde la calle Bravo Murillo respondiendo al fuego de los trabajadores
 
A pesar de las declaraciones oficiales, asegurando tener controlada la situación en toda España, los incidentes en las barriadas de Cuatro Caminos, Tetuán y Peñagrande, al igual que en otros lugares de la capital, se multiplicaron, adquiriendo cada vez mayor virulencia. A primera hora de la mañana un grupo de personas tiroteaba frente al Cine Tetuán, sito en la calle Bravo Murillo, 196, a un guardia de Asalto, ingresando cadáver en la Casa de Socorro de Tetuán de las Victorias. Una pareja de la Guardia Civil y otro guardia de Asalto que realizaban labores de vigilancia en la zona acudieron en auxilio de la víctima, disparando sobre los agresores, pero éstos consiguieron huir.
 
Casi simultáneamente, un numeroso grupo de personas intercambió disparos con una pareja de la Benemérita que se encontraba de servicio junto al Hotel del Negro, en la Plaza de Castilla, sin que hubiera víctimas por ninguna de ambas partes. Avisadas por los guardias, del puesto de la Guardia Civil de Tetuán de las Victorias acudieron más fuerzas de la Benemérita y de la Dirección de Seguridad dos camionetas con guardias de Asalto. Los huelguistas, lejos de deponer su actitud, continuaron hostilizando a la fuerza pública durante más de dos horas. A la refriega se sumaron también algunos vecinos de la barriada, disparando desde sus casas contra los guardias. Algunas de las personas que habían intervenido en los enfrentamientos del Hotel del Negro llegaron disparando hasta las cercanías de la comisaría de Cuatro Caminos, la cual reforzaría su guardia ante la posibilidad de que intentaran asaltarla. Al terminar el tiroteo varios vecinos yacían en sus calles con heridas de armas de fuego, muriendo al poco de ingresar en el puesto de la Cruz Roja de Tetuán de las Victorias Juan Alonso Ortega, un barrendero domiciliado en la calle Prim, y Marcelino Martín, residente en la calle Ceuta.[17]
 
Hacia las nueve y media de la mañana, uno de los grupos que había intervenido en los enfrentamientos de Tetuán de las Victorias y Cuatro Caminos se dirigieron a la calle Guzmán el Bueno, atacando el cuartel de la Benemérita allí enclavado. Las fuerzas de la Guardia Civil que había en el interior repelieron la agresión, entablándose un fuerte tiroteo entre ambas partes, que dejó como balance dos muertos, entre ellos un niño de catorce años, y varios heridos. Los enfrentamientos en Tetuán y Cuatro Caminos continuarían durante toda la jornada, con tiroteos en diversos lugares.
 
A última hora de la tarde, un grupo de unas doscientas personas se concentraron en las tapias de El Pardo y proximidades de Peñagrande, interviniendo la fuerza pública, tras ser puesta sobre aviso.
 
A la puerta de una tahona de la calle Eloy Gonzalo
 
También la Ciudad Universitaria fue escenario de diversos enfrentamientos entre los estudiantes, los obreros de la construcción y la fuerza pública. En aquella época, según comenta Manuel González Bastante, el Colegio de Huérfanos Ferroviarios “cerraba” el acceso desde la Ciudad Universitaria a Madrid, por la Dehesa de la Villa y la calle Francos Rodríguez. “Yo les abrí un agujero en las bardas de tela metálica que separaban al colegio del Canal de Isabel II, y ellos se metían por allí”. Al pasar le dejaban las pistolas a González Bastante, a pesar de su edad, quince años. “Yo empecé guardando pistolas de trabajadores y estudiantes huelguistas de la Ciudad Universitaria y además facilitándoles el paso”.[18] Dos meses más tarde, durante las vacaciones navideñas, ingresó en las Juventudes Socialistas de Ciudad Real.
 
El 6 de octubre, el gobernador civil de la provincia, Francisco Javier Morata Pedreño, dictaba un bando prohibiendo las huelgas o paros en los servicios públicos. Por su parte, el Gobierno, tras acusar al alcalde de Madrid de no garantizar la prestación de los servicios municipales, destituyó en su cargo a Pedro Rico, incautándose del Ayuntamiento el domingo por la tarde Martínez de Velasco, ministro sin cartera. Finalmente, por la noche, el presidente de la República declaraba el estado de guerra: a las diez de la noche, dos secciones del Regimiento de Infantería número 31 aparecieron en la Puerta del Sol, dando lectura a la orden del general de división Virgilio Cabanellas por la que se proclamaba el estado de guerra en Madrid, Ciudad Real, Toledo, Cuenca y Badajoz, provincias que comprendían la Primera División Militar.[19]
 
Aquel mismo día, en un claro intento por desacreditarle, el diario ABC se hacía eco del rumor que circulaba por Madrid sobre la marcha de Largo Caballero al extranjero, no aclarando el punto de destino: Francia, Portugal... “mientras en Madrid y provincias los obreros, a los que él ha envenenado con sus propagandas, caían en la lucha con la fuerza pública”.[20] 
 
El día 9 de octubre, el diario ABC daba cuenta del hallazgo por la Policía de una ametralladora de gran calibre en un solar de la calle Hernani, con dos tambores y cerca de un millar de proyectiles, así como de los enfrentamientos habidos el día anterior en casi todos los barrios de Madrid, entre ellos en los de Chamartín de la Rosa, Tetuán de las Victorias, Cuatro Caminos y Chamberí, algunos de bastante intensidad. Según el diario: “Las agresiones partían casi siempre de las azoteas y tejados de algunas casas, donde los revoltosos se parapetaban para huir seguidamente, saltando de una a otra hasta desaparecer”. Varias comisarías fueron hostilizadas, especialmente las de Congreso, Universidad y Puente de Vallecas. En Tetuán de las Victorias, por la tarde, varias personas tirotearon a un cabo de Seguridad cuando iba a incorporarse al servicio, ocasionándole la muerte. En otro tiroteo, frente al Ayuntamiento de Chamartín de la Rosa, dos guardias resultaron heridos. A consecuencia de un tiroteo en la calle Eloy Gonzalo, un hombre resultó muerto. Por la noche, fue atacada a tiros la estación de tranvías de los Cuatro Caminos, siendo repelida la agresión por la fuerza que se encontraba en el lugar.[21]
 
El diario daba cuenta también de las detenciones habidas, destacando las del Comité de enlace de la CNT, la del Comité revolucionario de la Juventud Socialista, entre los que se encontraba Santiago Carrillo, y la del diputado socialista Luis Jiménez Asúa, junto a Luis Rufilanchas. Todos ellos, después de comparecer en la Dirección General de Seguridad, fueron puestos a disposición del Juzgado militar.
 
El martes 9 de octubre se reunían de nuevo las Cortes, con las terrazas de las casas situadas en las calles próximas tomadas por la fuerza pública. No acudieron los diputados de las minorías socialista, Ezquerra Republicana y Unión de Izquierdas, ni tampoco los radicales-demócratas de Martínez Barrio ni los llamados conservadores de Miguel Maura, a excepción de algunos que rompieron la disciplina de partido. Durante la sesión, como quiera que los nacionalistas vascos no se pusieron en pie para vitorear al Gobierno y a España, Calvo Sotelo y Honorio Maura pidieron a los nacionalistas vascos que se sumaran al homenaje, negándose. Entonces Calvo Sotelo se dirigió a donde se encontraba Aguirre, increpándole primero y abofeteándole después. Rápidamente acudieron otros diputados, separándoles.
 
Mientras tanto, se registraban varios tiroteos en las calles de Madrid, como los habidos en la calle Cardenal Cisneros, en Chamberí, o el estallido de dos bombas en la calle de Guzmán el Bueno. Por la tarde, volvieron los “pacos”, disparándose sobre la fuerza pública desde el tejado de una sala de espectáculos, sita en la calle Fuencarral, y desde un balcón de la calle Ríos Rosas. En una casa de la calle Carranza, cerca de donde estaba instalada la redacción de El Socialista, era detenido el hijo de Indalecio Prieto, siendo interrogado sobre los disparos que presumiblemente se habían hecho desde aquella casa y su reciente viaje a Asturias.
 
Al día siguiente comenzaron a celebrarse en Madrid los consejos sumarísimos, continuando con las detenciones: más de 2.000 personas desde el día 5 de octubre. “Entre ellos figuran numerosos dirigentes de la UGT y del partido comunista, así como muchos individuos que fueron sorprendidos tiroteando a la fuerza, repartiendo hojas subversivas, coaccionando a los obreros, etc.”.[22] 
 
En los días siguientes Madrid fue recuperando la “normalidad”, si bien no faltaron los incidentes, como la muerte de una mujer en una casa de la plaza del 14 de abril, al disparársele el arma a un soldado tras resbalar en las escaleras, según la versión oficial. O la explosión de una bomba en la calle Bravo Murillo, 207, y dos petardos en Raimundo Fernández Villaverde. El día 12, la policía de la Comisaría de Universidad encontraba en el llamado “campo de las Calaveras” 13 petardos, nueve pistones para cartuchos de dinamita y tres cargadores de pistola. En Chamartín de la Rosa fueron reunidos todos los jefes de los servicios municipales de esta localidad, “acordando por unanimidad” reanudar el trabajo en todos los servicios dependientes del Ayuntamiento.[23] A pesar de ello, continuaron las detenciones, 350 personas aquel día, y los “paqueos”: en varias calles de Chamberí, en Rosales...[24] 
 
En la madrugada del domingo 14 de octubre, a las cuatro menos cuarto, era detenido Francisco Largo Caballero en su casa de la calle Sort, en la Dehesa de la Villa. Primero fue conducido a la Dirección de Seguridad y de ésta a la Cárcel Modelo, a disposición del juez militar.

 




[1] El Comité electoral, presidido por Martínez de Velasco, estaba compuesto por Gil Robles, Lamamié de Clairac, Sainz Rodríguez, Calderón, Royo Villanova, Cid y Casanueva: monárquicos, tradicionalistas y, sobre todo, agrarios y Acción Popular fundidos ya en la C.E.D.A.
[2] El Liberal, 19 de octubre de 1933.
[3] Según la revista Nuevo Mundo, Largo Caballero votó en la sección 121, de la Dehesa de la Villa. Nuevo Mundo, 24 de noviembre de 1933.
[4] Asimismo fueron cerrados numerosos locales comunistas y se suspendieron sus periódicos.
[5] TUÑÓN DE LARA, M.: La España..., 1973, p. 342
[6] El documento decía: “1º Que está dispuesto (Mussolini) a ayudar con la asistencia y medios necesarios a ambas partes de la oposición al régimen existente, con el fin de derrumbarlo y reemplazarlo por una Regencia que prepararía la restauración completa de la monarquía. 2º Que como demostración práctica y previa de esta intención está dispuesto a contribuir inmediatamente con 20.000 fusiles, 20.000 granadas de mano, 200 ametralladoras y 1.500.000 pesetas en metálico...”. TUÑÓN DE LARA, M.: La España..., 1973, p. 345
[7] Ibidem, p. 347
[8] LARGO CABALLERO, F., Mis recuerdos…, 1976, p. 123
[9] TUÑÓN DE LARA, M.: “Historia...”, 1999, pp. 578-579
[10] TUÑÓN DE LARA, M.: La España..., 1973, p. 350
[11] Ibidem, p. 351
[12] LARGO CABALLERO, F., Mis recuerdos…, 1976, p. 110
[13] TUÑÓN DE LARA, M.: La España..., 1973, p. 353
[14] TUÑÓN DE LARA, M.: “Historia...”, 1999, p. 580.
[15] ABC, 5 de octubre de 1934.
[16] ABC, 6 de octubre de 1934.
[17] ABC, 7 de octubre de 1934.
[18] MUÑÓN, E.: Entrevista..., 1987, pp. 26-27.
[19] ABC, 7 de octubre de 1934.
[20] ABC, 7 de octubre de 1934.
[21] ABC, 9 de octubre de 1934.
[22] ABC, 11 de octubre de 1934.
[23] ABC, 12 de octubre de 1934.

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