jueves, 14 de febrero de 2013

Las celebraciones del 1º de Mayo en la Dehesa de la Villa

Escenas de Tetuán
Antonio Ortiz Mateos, historiador

Según señala Lucía Rivas, la historia del 1º de Mayo en España, arranca del Congreso Socialista Internacional reunido en París el año 1889, si bien, al no ponerse de acuerdo las diversas tendencias, terminaron celebrándose dos: uno organizado por los posibilistas y otro de tendencia marxista. En el marxista, celebrado en la calle Pétrelle entre el 14 y el 20 de julio, estuvo presente Pablo Iglesias en representación del PSOE, acordándose celebrar una manifestación internacional el 1º de Mayo por la consecución de la jornada laboral de ocho horas, rechazando una enmienda favorable a la huelga general:
“Se organizará una gran manifestación internacional con fecha fija de manera que, en todos los países y ciudades a la vez, el mismo día convenido los trabajadores intimen a los poderes públicos a reducir legalmente a ocho horas la jornada de trabajo y a aplicar las otras resoluciones del congreso internacional de París.
Visto que una manifestación semejante ya ha sido decidida por la American Federation of Labor para el 1º de Mayo de 1890, en su congreso de diciembre de 1888 en Saint Louis, se adopta esta fecha para la manifestación internacional”.[1]

Al igual que en otros países, como Francia o Inglaterra, también en España los trabajadores esperaban la fecha con entusiasmo, si bien lo exiguo de las sociedades de resistencia -1.150 hombres en 6 entidades, en el caso de Madrid-hizo que los organizadores trasladaran la celebración del acto al domingo 4 de mayo. Por su parte, los seguidores de la AIT declararon una huelga general indefinida.[2]
No obstante el temor de los organizadores, tanto la prensa, con artículos en los que trataba de “demonizar” la jornada, como la actitud del Gobierno, con las medidas de seguridad adoptadas, hizo que según pasaban los días fuera cambiando el panorama, haciendo presagiar que el 1º de Mayo la clase obrera respondería, cumpliendo los compromisos internacionales adquiridos. Entre guardias de seguridad y municipales se juntaron 2.000 “hombres de guerra”:mil se dejaron para andar por la calle y acudir a los actos públicos y el resto, armados con fusiles, “fueron acuartelados en las prevenciones, el Gobierno, la Diputación, Congreso, Senado, Banco de España, Ministerios y estaciones de ferrocarril”. También se movilizó la Policía secreta, “los de la carga” como eran conocidos entonces.[3]
El día 1 dejaron de abrirse algunos talleres, fábricas, obras y colegios, si bien en el centro de la capital se observaba un tráfico más abundante que de ordinario, realizándose durante la jornada dos actos: el primero, promovido por los anarquistas, en el teatro Rius, y el segundo, organizado por los albañiles“disidentes” en los Jardines del Buen Retiro.
Mayor importancia revistió la manifestación convocada para el día 4 por los socialistas, a la que acudieron 30.000 trabajadores. Pablo Iglesias y el resto de los oradores expusieron el programa acordado en el Congreso de París, como la jornada de ocho horas de trabajo, recomendando a todos los obreros unirse en sociedades de resistencia, con objeto de presionar a los gobiernos para su implantación. Al acabar el acto, Pablo Iglesias llevó las reivindicaciones obreras al propio presidente Sagasta, quien se comprometió a estudiar el documento.[4]
La repercusión en la opinión pública fue notable, apoyando algunos medios de comunicación su toma en consideración por parte del gobierno: “En las reclamaciones de la clase obrera hay algo más que la utopía del comunismo y la anarquía. Hay no pocas aspiraciones legítimas que demandan satisfacción, y que si no la obtienen, serán un germen constante de discordia entre los trabajadores y las clases más favorecidas por la fortuna”.[5]
Al año siguiente, en 1891, el gobierno prohibió las manifestaciones conmemorativas del 1º de Mayo en la vía pública, autorizando exclusivamente la celebración de mítines y reuniones en locales cerrados. La vida de la ciudad no se vio alterada, siendo escasos los centros de trabajo cerrados. Con todo, los mítines convocados por los socialistas, según señala Lucías Rivas, “tuvieron numerosa asistencia”.[6]
En agosto de 1891, un nuevo congreso internacional, celebrado en Bruselas con asistencia de 15 países, “confirió al 1º de Mayo su carácter de manifestación anual internacional”.[7] Pronto se asociará esta fecha con la idea de Fiesta de los Trabajadores, con la celebración de jiras campestres en los merenderos y zonas verdes existentes alrededor de la capital.
La primera tuvo lugar en 1894, fecha en la que los panaderos con familia decidieron pasar la tarde del 1º de Mayo en la Fuente de la Teja, imitándoles algunos grupos de operarios internos. “Pasar la tarde nada más, porque a las nueve o las diez de la noche había que comenzar el trabajo y llegar a él con los sentidos bien despiertos”.[8]
Tan grata resultó la jornada, que al año siguiente fue casi todo el oficio el que pasó la tarde en la Fuente de la Teja o Pradera del Corregidor. Aquel año hubo música, ajustándose “ciegos, que, por parejas, tocaban la bandurria y la guitarra”.También se alquiló un carro para llevar la merienda y el vino, el cual, a última hora serviría de tribuna para inflamadas arengas.
En 1896 los panaderos invitaron a pasar la tarde en su compañía a colegas de otros oficios, imitándoles al año siguiente otros grupos de obreros. A partir de 1898-1899 la jira campestre entró en el programa del día, repartiéndose la gente por la Pradera del Corregidor, Moncloa, Ventas, ribera del Manzanares... y, tras la I Guerra Mundial, la Dehesa de la Villa.
El domingo 19 de mayo de 1918, la Agrupación Femenina y la Juventud Socialista celebraron una “jira popular” en la Dehesa de la Villa, “en honor de los compañeros amnistiados por los sucesos del pasado agosto”: Largo Caballero, Saborit, Anguiano y Besteiro. A la jira fueron invitados todos los trabajadores madrileños, “esperando acudan con sus respectivas familias”.[9]Seguramente el hecho de que Largo Caballero viviera junto a la Dehesa, en la calle Sort, no resultó ajeno a la elección de este lugar.
"El Socialista", 2 de mayo de 1921

Al año siguiente, tras la finalización de la I Guerra Mundial, volvieron a celebrarse las jiras campestres. Según El Socialista: “Por la tarde acudió a la Dehesa de la Villa una enorme cantidad de familias, que pasaron allí la tarde merendando”.El acto se vio amenizado por la banda del Asilo de La Paloma que ejecutó un escogido repertorio.[10] Por la mañana había tenido lugar la manifestación tradicional, recorriendo las calles de Arenal y Alcalá, desde la plaza de Isabel II hasta la plaza de la Independencia, donde se disolvió. En ésta se habían instalado tres tribunas, desde las que hablaron representantes de la Agrupación Socialista Madrileña, del Comité Nacional del PSOE y de la UGT. Tras ellos, ocupó la tribuna central Pablo Iglesias, quien dirigiéndose a los manifestantes dijo:

“Camaradas y amigos: No he venido con la pretensión de hacer un discurso, sino con la de confundirme con vosotros en esta magna Manifestación.
Podemos enorgullecernos de la situación en que nos encontramos.
Cuando estalló la guerra, y durante la guerra, se dijo que había fracasado el socialismo.
¡Hubiera fracasado si esta Manifestación hubiera sido raquítica y pobre! ¡Hubiera fracasado si no hubiéramos conseguido la jornada de ocho horas por la que venimos trabajando desde el año de 1890!
¡Fracaso, cuando la misma Conferencia de la paz ha fijado internacionalmente la jornada legal!
¡Ahí tenéis el fracaso de Rusia, de Alemania y Hungría, donde está triunfando la clase obrera!
Veámoslo más cerca. Si ese fracaso existiera, yo haría una pregunta a los adversarios que no quieren penetrarse de la bondad de nuestras ideas!
Por qué tiembla la burguesía?
Ya hemos obtenido nuestros primeros pasos y nuestra tarea es ésta:
Afianzar lo conquistado para redimir en plazo corto a la Humanidad y obtener rápidamente otras conquistas, preparándonos para ocupar el Poder. ¡Adelante! ¡Adelante hasta que veamos la ruina de los capitalistas y tremolar la bandera de nuestro triunfo! Hay que avivar la inteligencia para hacernos dignos de regir los destinos del mundo”.[11]

Al año siguiente, en 1920, la manifestación se vio alterada por los disparos efectuados desde el balcón de una casa de viajeros que había en la calle Arenal, produciéndose un gran revuelo. “Algunos manifestantes –según el diario El Sol- sacaron pistolas y revólveres e hicieron fuego sobre el balcón desde el cual, según creían, se habían hecho los disparos”.Acudieron algunos guardias, quienes subieron a la casa de huéspedes y practicaron una detención. A las doce y media llegaba la primera bandera a la Casa del Pueblo, dirigiéndose Largo Caballero a los asistentes desde uno de los balcones que daban a la calle Piamonte:

“Trabajadores: La manifestación de este año ha superado en número y en importancia a las de los años anteriores.
Con ella comenzamos una nueva era, la de la conquista del Poder por la clase trabajadora. Ya no pedimos horas de jornada: pedimos y conquistaremos el Poder.
Queremos la socialización de los medios de producción; para conseguirlo, yo os aconsejo a todos la unión.
Frente a la burguesía, que aumenta la Guardia Civil y su ejército, formará el ejército rojo del proletariado”.[12]

Tras el discurso de Largo Caballero, recibido por los asistentes con grandes aplausos, intervino Julián Besteiro. Al finalizar el acto, remitieron en sobre cerrado las peticiones de los manifestantes a la Presidencia del Consejo: restablecimiento de las garantías; cumplimiento de las leyes obreras; abaratamiento de las subsistencias; disminución de un 50 por 100 en el efectivo del Ejército; acción contra el terror blanco en Hungría y reconocimiento oficial del Gobierno de los Soviets.
Desde la una de la tarde comenzaron a llegar a la Dehesa de la Villa numerosas familias obreras con sus comidas para pasar el resto del día entre sus pinos. A las cuatro había una gran animación, tanto bajo su arbolado como en los numerosos merenderos que en ella había, reinando gran alegría a lo largo de toda la jornada.
La manifestación de 1922 revistió singular importancia, al realizarse un paro de veinticuatro horas, al que cooperaron los cocheros, los obreros municipales y los dependientes de comercio. Al terminar el acto, al que asistieron unas 40.000 personas, una Comisión, formada por Largo Caballero, secretario de la UGT, Saborit, secretario del PSOE, y Gana, secretario de la Agrupación Socialista Madrileña, se entrevistó con el subsecretario de la Presidencia, haciéndole entrega de las reivindicaciones obreras: Control sindical obrero; urbanización del extrarradio; amnistía para todos los delitos políticos y sociales; derogación de la ley de Jurisdicciones; reconocimiento de la República de los Soviets; auxilio por el estado de los hambrientos rusos; reducción del cupo de filas; disminución del contingente militar y reforma de la ley del Servicio militar obligatorio, y, por último, su protesta contra la guerra de Marruecos. Por la tarde, como ya venía siendo tradicional se celebró una gira campestre en la Dehesa de la Villa.[13]
En 1924, el Gobierno de Primo de Rivera prohibió las manifestaciones del 1º de Mayo, si bien, con permiso de la censura, se hizo público un Manifiestocon las reclamaciones y aspiraciones obreras, entregadas al presidente del Directorio militar:

Reclamaciones:
Primera. Reclamar del Gobierno la inmediata normalidad constitucional.
Segunda. El pronto término de la guerra de Marruecos.
Tercera. Que se hagan efectivas todas las responsabilidades militares y civiles derivadas de la intervención de la guerra de Marruecos.
Cuarta. Una amplia amnistía para todos los presos o procesados por delitos políticos o sociales.
Quinta. Que se tomen las medidas necesarias que tiendan a resolver la crisis del trabajo y la carestía de la vida.
Aspiraciones:
Primera. A que se promulgue una ley de control sindical en la industria.
Segunda. Afirmar que la aspiración de la clase trabajadora es socializar los medios de producción y de cambio.
Tercera. Que la Sociedad de Naciones se democratice según propone la Federación Sindical Internacional de Amsterdam”.[14]
Según señalarían los distintos medios de comunicación, la desanimación en las calles de Madrid fue extraordinaria, apareciendo los bares del centro prácticamente desiertos. Por su parte, el comercio, respetando la significación que para la clase obrera tenía el 1º de Mayo, cerró sus puertas, como venía haciendo desde hacía varios años. A pesar de la tranquilidad que mostraba la ciudad, la Dirección General de Seguridad adoptó grandes medidas de seguridad “especialmente en las estaciones férreas y en otros servicios públicos, para proteger la libertad de trabajo”.[15
Los trabajadores, siguiendo las instrucciones de la UGT y del PSOE, se fueron con sus familias al campo. El Metropolitano y los tranvías transportaron millares de familias, que se fueron dispersando por los pinares de la Dehesa de la Villa y los merenderos de Cuatro Caminos y Amaniel, organizándose meriendas mancomunadas y bailes con orquestas de bandurrias y guitarras. La animación duró hasta bien entrada la noche, en que los grupos regresaron a Madrid cantando “La Internacional”, con vivas a la Fiesta del Trabajo y a Pablo Iglesias.[16]
En los años siguientes las celebraciones del 1º de Mayo tuvieron un carácter similar, con paros generalizados, sobre todo en el comercio, conferencias, y giras campestres. Como señalaba El Socialista en 1927:

La paralización del trabajo fue absoluta en todos los centros industriales y en todos aquellos pueblos endonde la organización tiene alguna influencia. El ambiente general fue de simpatía para la Fiesta de los Trabajadores. La gente, suspendido el trabajo a impulso de su propia conciencia, se fue al campo a confraternizar, a gozar de las horas de ilusión y de placer que le proporcionaba la alegría de nuestra Fiesta. Fiesta que se distingue de todas las demás porque mientras éstas festejan el pasado haciendo ostentación de mil liviandades paganas, la nuestra festeja la ilusión del idealismo que camina hacia el porvenir.
Al aire libre fueron lanzadas millares de canciones llenas de emocionante ilusión idealista. El pueblo se sintió dueño de sí, de su libre albedrío, y cantó y rió con verdadero alborozo, a pleno pulmón, como ríe la Naturaleza en su fecunda primavera. ¡Qué grandeza más sublime la de esta Fiesta nuestra! Son unas horas de dicha inefable. Unas horas en las cuales el hombre del trabajo olvida sus amarguras, las injusticias que ha padecido todo el año y se entrega a gozar de su libertad al aire libre, en plena naturaleza”.[17]
Como en años anteriores, la jira organizada por los trabajadores madrileños se desarrolló en la Dehesa de la Villa, entre otros lugares, con notable afluencia de familias y animación. Un numeroso grupo de socialistas, integrado por miembros de Salud y Cultura, se aposentó en los alrededores de Puerta de Hierro, dedicándose a ejercicios corporales y deportivos. También se cantaron algunos himnos alusivos a la Fiesta que se celebraba.
En 1930 la jornada apareció con un sol magnífico, en contraste con la lluvia caída en días anteriores, superando la afluencia de trabajadores a la Dehesa de la Villa la de otros años. Como señalaría emocionado el redactor de El Socialista:“¡Quizás la atmósfera ha comprendido también la magnitud de la Fiesta del Trabajo!”.[18] El movimiento no cesó durante todo el día: 26 coches puso la Compañía de tranvías, a pesar de lo cual no dejaron un momento de transportar personas entre Cuatro Caminos y la Dehesa, no resultando fácil encontrar un hueco en ellos.
Desde primeras horas de la mañana comenzaron a llegar a la Dehesa de la Villa numerosos grupos de trabajadores, dispuestos a pasar allí una jornada entrañable. Muchos de ellos prepararon allí sus comidas con leña y ramas de árbol. A mediodía la Dehesa estaba completamente llena, con familias enteras debajo de cada uno de sus árboles. La jornada se vio particularmente animada por la presencia de numerosos vendedores de confituras y frutas, quienes con sus pregones y gritos, confundidos con las canciones populares, producían una gran algarabía.
El 1º de Mayo de 1931 tuvo un carácter especial. El paro fue absoluto, ondeando la bandera de la República desde primera hora en todos los edificios oficiales y en numerosos balcones particulares. Mucho antes de la hora señalada para dar comienzo la manifestación, el lugar aparecía repleto de trabajadores. A las diez y cuarto, tras el disparo de varios cohetes, la manifestación se puso en marcha. En cabeza, presidiendo la manifestación, iba Miguel de Unamuno, rector de la Universidad de Salamanca, con Largo Caballero, ministro de Trabajo, e Indalecio Prieto, ministro de Hacienda, a su lado. También figuraban en primera fila Besteiro, Gómez, Girals, Ovejero y varios miembros del Consejo General de la Federación Sindical Internacional, de la Oficina Internacional del Trabajo de Ginebra, de la Internacional del Transporte, de la Confederación Sindical de Finlandia, etc. Rodeando a la presidencia, un cordón de la Milicia socialista, con dos niñas al frente: una vestida de República, con gorro frigio y terciada en una bandera tricolor, y otra vestida de rojo y con una banda en tercerola en que se leía: “¡Viva el socialismo!”. Detrás iban los manifestantes, en número superior a 300.000, cantando “La Marsellesa” y “La Internacional”.
A las doce menos cuarto llegó la manifestación a la Presidencia del Consejo, donde se encontraban, entre otros, Alcalá Zamora, Albornoz, Azaña, Maura y Casares Quiroga. Una comisión, formada por Largo Caballero, Trifón Gómez, Muiño, Gana y Victoriana Herreros, entró en la casa presidencial entregando a Niceto Alcalá Zamora las conclusiones adoptadas:
Los que suscriben, en nombre y representación de las sociedades obreras domiciliadas en la Casa del Pueblo de Madrid, elevan a V.E. las conclusiones que motivan la manifestación del Primero de mayo, esperando que el Gobierno de la República les de estado legal en la legislación social del trabajo. Cúmplenos primeramente expresarle, ilustre ciudadano, el testimonio de la clase obrera organizada que representamos, de su fervorosa adhesión a la República y de su decisión de defenderla y arraigarla, aunque para ello fueran menester los más extremos sacrificios.
Manifestada nuestra declaración y afirmación, que obedece a las profundas y arraigada convicciones de nuestro deseo de libertad, exponemos a V.E. lo que son nuestras aspiraciones en este Primero de mayo:
Primero. Concesión del derecho de sufragio a los ciudadanos que hayan cumplido veintiún años de edad.
Segundo. Ratificación sin condiciones del convenio de Washington sobre la jornada de ocho horas, cuyo cumplimiento debe garantizarse, así como el de toda la legislación social, con el nombramiento de inspectores obreros.
Tercero. Adopción de procedimientos eficaces que tiendan a resolver la crisis de trabajo y el encarecimiento de la vida.
Cuarto. Medidas que intensifiquen la construcción de casas baratas.
Quinto. Implantación de cuantos seguros sociales tiendan a garantizar eficazmente la existencia de los trabajadores de uno u otro sexo en los trances difíciles a que les somete la propia convicción.
Sexto. Creación de las escuelas necesarias para todos los niños que deben asistir a ellas.
Séptimo. Promulgación de una ley que facilite el desenvolvimiento de las cooperativas.
Octavo. Legislación agraria que comprenda lo siguiente: extensión de los beneficios de la ley de Accidentes del trabajo a todos los obreros agrícolas; constitución urgente de los comités paritarios en la agricultura; modificación del derecho vigente en el sentido de que los arriendos de tierras, sea cualquiera el sistema, tengan una duración mínima de veinte años; indemnización de las mejoras introducidas por el esfuerzo del arrendatario y que la renta no sea superior al interés legal del valor declarado a la Hacienda; prohibición de los subarriendos; obligación del cultivo intensivo; municipalización de las tierras que por abandono de sus dueños lleven sin producir más de cuatro años y concesión de dichas tierras en arrendamiento a las sociedades de obreros agrícolas residentes en la localidad para que las exploten en común, bajo la dirección técnica que determine el Estado; roturación de las tierras destinadas a caza y cría de ganado de lidia; creación de un crédito agrícola nacional con un interés módico de amortización a largo plazo; reconocimiento preferente para los arrendatarios del derecho de retracto en caso de venta de las tierras dadas en arriendo o parcería, etc.
Noveno. Repoblación forestal.
Décimo. Promulgación de una ley de control sindical en las industrias”.
Tras dirigirse a los manifestantes Alcalá Zamora, tomó la palabra Largo Caballero, pidiendo a los allí congregados se disolvieran con tranquilidad y evitaran “todo incidente que pudiera dar motivo a nuestros enemigos para censurar esta República, que ha nacido en la forma que todos habéis visto y aplaudida por el Mundo entero”.[19]
Antes de las cinco de la mañana empezó a llegar la gente a la Casa de Campo, entregada días antes por la República al pueblo de Madrid, aunque sus puertas no se abrían hasta las ocho y media. Muchos obreros lucían el gorro frigio, de papel o paño, o se lo habían puesto a sus hijos. Como el número de niños era muy grande no tardarían en perderse algunos, teniendo que organizar la Guardia Civil un servicio para recogerles y entregarles a sus familias.
También la afluencia de gente a la Dehesa de la Villa fue grande, sobre todo de la zona norte. Muchos de los excursionistas lo hicieron en camionetas adornadas con banderas republicanas. Uno de los asistentes fue Largo Caballero quien iría recorriendo los diferentes grupos donde los más jóvenes bailaban a los sones de guitarras, acordeones y gramófonos. Al anochecer, los excursionistas regresaron a Madrid. La mayoría lo hizo a pie, pero también se utilizaron los más variopintos medios de transporte, como los carros de mano, empujados a duras penas por el cabeza de familia. Ya en el centro, grupos de gallegos y asturianos desfilaron a los acordes de la gaita, entonando canciones regionales.
El 28 de abril de 1933, El Socialista se hacía eco de las medidas adoptadas por el Ayuntamiento para el 1º de Mayo. Dada la gran afluencia de gente que se producía aquel día en la Dehesa de la Villa y la Casa de Campo, el Ayuntamiento dispuso un servicio para el abastecimiento de agua por medio de tanques y fuentes portátiles. Asimismo se organizó un servicio para la recogida de los niños que se extraviaran, en la Dehesa de la Villa en el Colegio de la Paloma y en la Casa de Campo en la Puerta del Río. Al mismo tiempo se recordaba la prohibición de encender lumbre en ambos parques y se llamaba a la colaboración de los excursionistas para impedir que se destrozaran los árboles o plantas de aquellos lugares.[20]
Aunque la climatología parecía no acompañar el día, desde primeras horas de la mañana, miles de familia se trasladaron a la Casa de Campo y la Dehesa de la Villa para celebrar la fiesta del Trabajo de 1934. Los vecinos de la zona Norte llenaron la Dehesa de la Villa, portando la mayoría de ellos banderas republicanas y la roja del proletariado. En el camino cantaban himnos republicanos, “La Internacional” y el himno de las Juventudes Socialistas. La animación fue extraordinaria a lo largo de todo el día, con numerosos bailes organizados en torno a una guitarra, un acordeón o un gramófono. A primera hora de la noche, las familias regresaron a casa, cantando alegremente.[21]
En 1935, Largo Caballero se encontraba detenido como consecuencia de la revolución de octubre del año anterior, destacando el despliegue de guardias ordenado por el ministro de Gobernación, Portela Valladares. A las once, la policía disolvía a quienes intentaban manifestarse en la calle Alberto Aguilera, realizando varias detenciones. Según reflejaría el diario El Sol: “Las clases populares han invadido las zonas campestres cercanas, y entre los chopos, los robles y las encinas se han dedicado al placer de la comida bajo el sol luciente y la siesta campera”.[22] En la plaza de toros de Tetuán aquel día se presentó como novillero Manuel Rodríguez Sánchez Manolete, con toros de Esteban Hernández, alternando con Liborio Ruiz, Silverio Pérez y Varelito Chico.[23]
Desde primera hora de la mañana, la glorieta de Atocha estaba atestada de trabajadores que con sus banderas iban a asistir a la manifestación del 1º de Mayo de 1936. A las diez de la mañana, llegaban hasta el Puente de Vallecas. El centro del paseo del Prado aparecía ocupado por jóvenes socialistas y comunistas, uniformados con camisas azules, así como por las organizaciones juveniles, femeninas e infantiles de las sociedades obreras. La presidencia de la manifestación estaba formada por: Largo Caballero y Díaz Ramos, por la UGT; Vidarte y Cordero, por el PSOE; Araquistain y W. Carrillo, por la Agrupación Socialista Madrileña; Trifón Medrano y Santiago Carrillo, por el Comité de Unificación de las Juventudes Marxistas; José Díaz y Francisco Antón, por el PCE; y por la Comisión organizadora: Luis Menéndez, de la Casa del Pueblo; Díaz Alor, por el PSOE; Cabo Giorla, por el PCE; y Muñoz Arconada, por el Comité de Unificación Juvenil Marxista.[24]
Todo el recorrido se hallaba ocupado por millares de personas que no dejaban de dar vivas al Frente Único, a Rusia, a Pablo Iglesias, a Marx, a Besteiro, a Largo Caballero, a Lenin, a Thaelman, a José Díaz y a otras ilustres figuras del proletariado. Cuando la cabeza de la manifestación llegó a la Presidencia del Consejo, se destacó de aquélla una Comisión, que subió al despacho del jefe del Gobierno, donde esperaba Azaña, acompañado de los ministros de Estado, Agricultura y Trabajo. El texto de las conclusiones, entregadas por los comisionados al jefe del Gobierno decía:
“Excelentísimo señor presidente del Consejo de ministros: La clase trabajadora madrileña, representada por las organizaciones que suscriben, se manifiestan hoy ante esta Presidencia en apoyo de las conclusiones que a V.E. se elevan en este acto y que constituyen sus aspiraciones inmediatas.
Los trabajadores de Madrid se hallan firmemente resueltos a que el régimen que el pueblo se ha dado no siga sufriendo los ataques francos o encubiertos de que viene siendo objeto por parte de sus enemigos de todas clases, y no menos decididos a que la República siga a ritmos acelerados su avance progresivo hacia una sociedad más justa y más humana.
Por eso, en esta jornada expresan al Gobierno que V.E. preside su deseo de que rápidamente se adopten cuantas medidas y resoluciones sean precisas para traducir en hechos los legítimos anhelos que a V.E. exponen:
Nuestro deseo esencial es que se imprima la máxima celeridad al cumplimiento pleno del pacto del Frente Popular.
Reclamamos que se aborde con resolución el problema del paro obrero con la urgente apertura de obras públicas y otorgando inmediatamente subsidios en tanto no se paguen jornales.
Pedimos la rápida implantación de la semana de cuarenta horas, sin rebaja de salarios, y jornada de seis horas para los jóvenes e industrias insalubres.
Enemigos declarados del fascismo internacional, pedimos al Gobierno que el crédito de 400.000 pesetas acordado por el Gobierno anterior para concurrir a la Olimpiada que organiza el país que en régimen fascista mantiene encarcelado injustamente a Thaelmann y a tantos millares de antifascistas, por cuya libertad luchamos, sea dedicado a la incrementación del deporte popular en España, entregándoselo a las organizaciones que en el país desarrollan, en medio de infinitas dificultades y privaciones este deporte popular.
Exigencia de responsabilidades para los autores e inductores de la represión de octubre. Que se acometa una reforma profunda en la organización del Ejército, de la magistratura y de la burocracia en todo el aparato del Estado.
Pedimos la disolución y el desarme efectivo de todas las organizaciones fascistas y monárquicas, y confiscación de sus propiedades y bienes en beneficio de los obreros parados.
Para atender inmediatamente a las angustiosas necesidades de los mutilados y las familias de las víctimas de la brutal represión de octubre, que sufren hoy espantosa miseria, solicitamos que por el Parlamento de la República se vote un crédito extraordinario que sirva para otorgar auxilios y pensiones.
Que se amplíe la amnistía hasta que alcancen sus beneficios a todos los presos políticos y sociales que, habiendo sido considerados equivocadamente como comunes, permanecen aún en las cárceles de la República. Concesión de indulto a los presos comunes.
Nos pronunciamos, en fin, contra la guerra imperialista y en defensa de la U.R.S.S. y de su política de paz. Por eso reclamamos del Gobierno la participación de España en los pactos colectivos de paz y la normalización inmediata de las relaciones políticas y económicas con la Unión Soviética.
El Gobierno, al recoger y atender estos anhelos de la clase trabajadora madrileña, que son los de la inmensa mayoría de los ciudadanos españoles, contribuirá poderosamente a sacar al país de la situación de miseria en que se encuentra sumido y lo colocará en la del progreso, de la paz, de la libertad y el bienestar.
Así lo esperamos, deseando a V.E. muchos años de vida.- Madrid, 1 de mayo de 1936.-Por la Agrupación Socialista Madrileña, Enrique de Francisco; por el Radio Comunista de Madrid, Luis Cabo Giorla; por la Casa del Pueblo de Madrid, Luis Menéndez; por las Juventudes Unificadas, Felipe Muñoz Arconada”.[25]
No obstante celebrarse por la mañana la manifestación obrera, desde primeras horas de la mañana numerosos grupos de familias se marcharon a la Casa de Campo y a la Dehesa de la Villa, entre otros lugares, a pasar el día. La ciudad presentaba un aspecto sorprendente, con las calles convertidas en improvisados campos de fútbol y las niñas jugando a la comba. En las aceras se veían muchas sillas de paja con personas tomando el sol.
Dada la afluencia de público, 400.000 personas en la Casa de Campo y 100.000 en la Dehesa de la Villa, las autoridades instalaron en el Colegio de la Paloma y en la casa de la Administración de la Casa de Campo un servicio de socorro, en el que no sólo se atendía a los que necesitaban asistencia médica, sino que también se recogía a los niños extraviados, colaborando en esta tarea Unión Radio.



[1] RIVAS LARA, Lucía: Historia del 1ºde Mayo en España desde 1900 hasta la Segunda República. Madrid, UNED, 1987, p. 44.
[2] Ibidem, p. 48.
[3] “El Primero de Mayo”, La Voz, nº 890, 4 de mayo de 1923, p. 3
[4] Según recoge Alicia Díez de Baldeón, citando el libro de Hilda Cabrera Revolución liberal y Restauración borbónica (Altalena Editores S.A., Madrid, 1978, p. 155): “En el mitin del 4 de mayo se presenta un programa de reformas sociales urgentes: abolición del trabajo nocturno para mujeres y menores, al igual que toda labor considerada nociva para ellos; descanso mínimo de treinta y seis horas semanales; prohibición de industrias y trabajos insalubres; supresión del pago en especies, de agencias de colocación y cooperativas patronales y creación de un cuerpo de inspectores de trabajo a sueldo del Estado y elegidos por los trabajadores”. DÍEZ DE BALDEÓN, A. y MARSA, F.: Historia..., 1987, p. 212.
[5] La Época, 31 de mayo de 1890.
[6] RIVAS, L.: Historia..., 1987, p. 57.
[7] Ibidem, p. 57.
[8] La Libertad, 2 de mayo de 1930.
[9] El Socialista, 18 de mayo de 1918.
[10] El Socialista, 2 de mayo de 1919.
[11] El Liberal, 2 de mayo de 1919.
[12] El Sol, 2 de mayo de 1920.
[13] El Sol, 2 de mayo de 1922.
[14] Heraldo de Madrid, 1 de mayo de 1924, edición de noche
[15] El Imparcial, 2 de mayo de 1924.
[16] La Libertad, 2 de mayo de 1924.
[17] El Socialista, 3 de mayo de 1927.
[18] El Socialista, 2 de mayo de 1930.
[19] Heraldo de Madrid, 2 de mayo de 1931.
[20] El Socialista, 28 de abril de 1933.
[21] Heraldo de Madrid, 2 de mayo de 1934.
[22] El Sol, 2 de mayo de 1935.
[23] Promovida por Ramón González, secretario del Ayuntamiento de Chamartín de la Rosa, la plaza de toros de Tetuán se construyó hacia 1870. Antes de estar terminada, su promotor fue asesinado, por lo que las obras se paralizaron hasta que en 1899 fue comprada Antonio Beltrán Bernes. Fue inaugurada el 11 de octubre de 1900 con una corrida en la que se lidiaron reses de la ganadería de Félix Gómez, siendo los diestros el torero Antonio Montes y el novillero José Palomar Palomar Chico. A lo largo del tiempo fue objeto de varias reformas, aumentando su capacidad hasta los 9.000 espectadores. En 1936 cambió la empresa propietaria, pasando a manos del torero Dominguín. Durante la Guerra Civil la plaza pasó a ser parque de artillería quedando destrozada por una explosión que se produjo en agosto de 1936. Se levantaba donde hoy se encuentra el Edificio Bravo Murillo 297. HERNÁNDEZ, Jorge, dir.: Madrid. Su historia. Sus gentes. Sus pueblos. Madrid, Espasa Calpe, 1998, p. 215
[24] El Socialista, 2 de mayo de 1936.
[25] El Sol, 2 de mayo de 1936.

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